San Cayetano dedicó su vida a la palabra y es reconocido por ser el patrono  del trabajo, la prosperidad y la salud.

San Cayetano nace en Vincenza, Italia un primero de octubre del año 1480 en el ceno de una familia de nobles. Su padre es el conde Gásparo di Thiene, militar que fallece en batalla mientras defendía la ciudad de ejércitos enemigos cuando San Cayetano tenía apenas doce años de edad.

Su madre, por otro lado es María Da Porto, quien más adelante centra su vida en ser terciaria dominica. Es ella quien se encarga de criar a San Cayetano en su totalidad, se encargó de enseñarle valores y sobre cómo ser un buen hombre.

En 1504 asiste a la universidad de Padua, donde obtiene doble doctorado en derecho civil y canónico. Allí se dice que hace una gran popularidad por su inteligencia y buen trato a las personas.

Más adelante, en el año 1506 obtiene mediante contactos el trabajo de protonorario apostólico del Papa Julio II. En este cargo, básicamente se encarga de registrar las cartas papales y demás asuntos del Papa y la iglesia. En su estadía en Roma ayuda a la Iglesia a sentar alianzas con Venecia, ciudad enemiga para la época, sin embargo, San Cayetano intercede y consigue un acuerdo entre ambas ciudades.

Milagros

Caetano di Thiene fue beatificado el 8 de octubre de 1629 por el papa Urbano VIII y canonizado el 12 de abril de 1671 por el papa Clemente X. Desde entonces, la Iglesia Católica lo reconoce como San Cayetano, el santo de la Providencia, Patrono del pan y del trabajo. Así también lo conoce el mundo, que le reza con devoción y lo celebra cada 7 de agosto pidiéndole una ayuda.

El primer milagro de Gaetano fue en Venecia mientras visitaba un hospital. Según cuentan, llegó a la cama de una joven a la que estaban por amputarle una pierna debido a la gangrena que padecía. Cayetano, le sacó la venda, le besó la pierna y le hizo la señal de la cruz. Al otro día, cuando los médicos se aprontaban para la operación, notaron que la muchacha estaba curada.

La historia del Santo también cuenta que en épocas de sequía, un campesino le pidió a San Cayetano que interceda por la falta de agua y, a modo de agradecimiento, le dejó una espiga de trigo a los pies de su imagen. Tres días después, llovió tanto que la ciudad se inundó. Cuatro décadas después, en plena crisis económica de 1930, un sacerdote llamó por teléfono a algunos fieles para aconsejarles que rezaran al Santo de la Providencia y gracias a esto muchos mejoraron su situación en la que vivían. Los comentarios de la gente, trasmitidos de boca en boca, fueron aumentando la devoción en ya consagrado Patrono que siendo noble y viendo la bastarda relación entre la corrupción y el poder, quiso vivir con total austeridad y ayudar a los más necesitados.

Tres frases destacadas de Cayetano

Somos célibes, como lo pide la Iglesia a todos sus sacerdotes. Queremos ser pobres: no poseeremos rentas, ni tierras. Sólo aceptaremos las donaciones espontáneas del pueblo.

La riqueza no da al clero ni paz ni libertad para el apostolado. No viviremos ni en conventos ni en monasterios, sino en casas sencillas. Tendremos un superior responsable y dependeremos directamente del Papa. Nos dedicaremos al estudio de la Biblia, a la liturgia, a ayudar a los presos, pobres, enfermos. Nos llamamos Clérigos Regulares.

Jamás dejaré de entregar lo mío a los necesitados hasta que me vea en tal pobreza que no me quede ni siquiera un metro de tierra para mi tumba, ni tenga un centavo para mi entierro.